La gente siempre se muere por
encontrar una razón para cambiar, cualquier pretexto es bueno, un corazón roto,
un nuevo trabajo, un inicio en una ciudad diferente, un viaje y ¿por qué no?,
simplemente ganas, ganas de cambiar el mundo, aunque eso signifique olvidar lo
que un día fuimos.
Y es que nos han convencido que
la fórmula del éxito debe ir acompañada de un cambio constante, de un cambio
radical, cambiar de ruta, cambiar, cambiar, cambiar y lo escuchamos todo el
tiempo y de repente lo creemos, cortamos de tajo y nos sentimos fuertes y
especiales porque hemos sido capaces de olvidar la ruta que un día anduvimos y
el camino en que nos conocimos.
Hace tiempo escuché que al
preguntarle a cierta celebridad sobre su palabra favorita sin dudar respondió “evolución”,
en su cara había un signo de satisfacción, de emoción, de comprensión, se tomó
el tiempo y explicó en pocas palabras la maravillosa acción de la evolución y
la diferencia que existía entre ella y el cambio.
La evolución te permite avanzar
en el camino, mejorar la especie, crecer, hacerte un poquito más grande, la
evolución a diferencia del cambio, rescata aquello que es bueno, que es fuerte,
que has explotado para llegar al lugar en donde estás, como también tiene la
capacidad de apartar de ti lo débil, lo que ha dejado de funcionar, lo que tu
cuerpo, mente, alma, ha decidido que no le sirve más, que le estorba un poco,
que ha cumplido con su función y simplemente ocupa espacio.
La maravilla de la evolución es
que como lo dice su nombre evolucionas, te conviertes en un ser más fuerte, en
un ser más preparado, pero no suprimes del todo las experiencias que has vivido
en el pasado, al contrario ellas son un aliciente para seguir en el camino.
Quizá muchos decidan cambiar de
tajo en el camino y se vale, se respeta, porque a muchos les funciona cortar y
empezar de cero, pero en lo personal yo lo encuentro desgastante, ¿cuántas
veces puedes volver a empezar sin sentir que lo has vuelto a echar a perder?,
yo voy a evolucionar y decido evolucionar contigo, para nunca olvidar aquella
primera palabra que nos dijimos, la mirada que compartimos y el gesto de
complicidad que construimos y creceremos y seremos más fuertes, pero sobre todo
vamos a evolucionar sin olvidar aquello que un día fuimos.
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