Me hice de pedazos, de
fragmentos, de pequeños momentos donde la alegría se confundía con el sonido de
tu risa y la forma en que mirabas, en que mirabas mis ojos, mientras mis ojos
te veían y luego los dos reíamos haciendo el tonto por la vida.
Me haces falta cuando tomo mi café
amargo, simple, como la vida, me haces falta en el primer rocío que anuncia la
llegada del verano y las caídas de las hojas que dan paso a nuestro otoño, a
nuestro silencio, a nuestro tiempo.
Me haces falta cuando busco un
sonido que me recuerde un poco de alegría y río y ríes y aunque sabemos que no
somos dueños del tiempo, al menos lo intentamos y tomados de la mano vamos y
los ojos de los demás nos miran y me callo y callas, porque hemos aprendido que
el mejor regalo que nos dio la vida es el silencio que nos habita.
Y te vivo y me vives y nos
aguarda una larga noche y las estrellas nos miran y el viento nos toca y
entonces regresamos a la vida, a la soledad que nos rodea y los caminos que nos
separan, a la misma vida, a ese momento que siempre se confunde con aquel
primer intento.
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